Pica el pollo. Corta los contramuslos en trozos pequeños, casi como carne picada, y salpimiéntalos. Picarlo a cuchillo en vez de comprarlo ya picado deja trozos con más textura.
Machaca ajo y chile. Ponlos en el mortero y golpea hasta tener una pasta gruesa, sin llegar a puré. Quiero que queden trocitos, porque así sueltan más aroma en el wok. Si no tienes mortero, pícalos muy finos con el cuchillo.
Sofríe la pasta. Calienta el wok (o una sartén grande) a fuego fuerte con un chorrito de aceite. Cuando esté bien caliente, echa la pasta y remueve 20-30 segundos. Que se aromatice, pero que el ajo no se queme, porque amarga.
Dora el pollo. Añade el pollo y extiéndelo por el fondo. Déjalo un minuto sin tocar para que se dore, y luego deshazlo con la espátula hasta que no queden grumos. Unos 2-3 minutos en total.
Añade las judías. Si las usas, córtalas en trozos de 2-3 cm, échalas al wok y saltea 2 minutos. Tienen que quedar tiernas pero con algo de mordida.
Añade la salsa. Echa la cucharada de salsa de pescado, el azúcar y el agua. Saltea 1 minuto, hasta que el líquido casi se evapore y el pollo quede brillante, no aguado.
Apaga y añade la albahaca. Con el fuego ya apagado, incorpora la albahaca y remueve unos segundos. Con el calor residual se marchita sin perder el aroma.
Haz el huevo y sirve. Fríe el huevo en abundante aceite bien caliente, hasta que los bordes queden crujientes y la yema líquida. Sirve el pollo sobre el arroz jazmín con el huevo encima.